La infección de una prótesis articular es una de las complicaciones mas graves y mas temidas que puede aparecer tras la cirugía. Ocurre solo en una de cada 100 operaciones y, aunque finalmente se consigan curar casi todas, el peaje a pagar es alto. El tratamiento consta de una o varias cirugías,  ingresos en clínica prologados y tratamientos antibióticos de varias semanas con sus posibles efectos secundarios.

¿Esto ha sido siempre así? No. En la década de los setenta no existía curación para este problema. Padecer una infección de una prótesis equivalía, en el mejor de los casos, a perder el movimiento de la articulación (artrodesis), o a sufrir una amputación y, en los casos mas graves, los pacientes podían llegar a fallecer. No se conocía tratamiento efectivo para la infección protésica.

En 1983,  John Insall  publicó un artículo que revolucionó este campo. Expuso el resultado de aplicar una nueva estrategia: el recambio en dos tiempos. El cirujano debía extraer la prótesis, someter al paciente a 6 semanas de infección de una prótesis articulartratamiento antibiótico a través de sus venas y, finalmente volver a colocar una nueva prótesis. Con este modelo,
Insall consiguió curar 11 pacientes, ¡todo un éxito! En ese momento, los cirujanos desconocían por qué el tratamiento antibiótico no era capaz de curar una infección protésica a pesar de que los antibióticos eran fármacos muy efectivos frente a otras infecciones. Unos años después, en 1985,  J Williams Costerton demostró que las bacterias tenían la capacidad de adherirse a los metales, multiplicarse y formar una estructura (biopelícula) con varias capas que impedían que los antibióticos llegaran a ellas, haciendo este tratamiento ineficaz.

¿Se ha avanzado algo desde entonces? Pues, sorprendentemente, ¡no! Si repasamos las guías de recomendaciones de la AAOS (Asociación de Cirujanos Ortopédicos de Estados Unidos) descubrimos que siguen recomendando la misma pauta de actuación propuesta por John Insall en 1983. Durante los últimos 30 años se ha mejorado muchísimo en el conocimiento de las biopelículas y en su diagnóstico, han aparecido nuevos antibióticos y se conocen cuáles pueden ser útiles en estos pacientes. Además, han surgido trabajos que alertan de las posibles complicaciones de la estrategia clásica de dos tiempos. Por todo ello, parece lógico pensar en utilizar nuevas tácticas basadas en el conocimiento actual que mejoren el resultado de la técnica utilizada hasta ahora y que evite sus complicaciones. El recambio en un tiempo (extraer la prótesis, limpiar todo el tejido no sano y realizar tratamientos dirigidos) con la ayuda de tratamientos antibióticos efectivos y personalizados y bajo un abordaje multidisciplinar – colaborando estrechamente cirujanos ortopédicos con infectólogos y microbiólogos – parece, a todas luces, el más lógico y prometedor.